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martes, 22 de mayo de 2012

"LLORÓ POR LOS PECADORES..."


LLORÓ POR LOS PECADORES:
El 19 de mayo de 1853, en Cerreto, Italia, (Toscana, diócesis de Pitigliano), en el lugar llamado « la casetta », Verónica Nucci, una pastora de unos doce años, guardaba su rebaño junto con Juan Bautista, su hermano de siete años, cuando vio frente a ella a una «Bellísima Señora arrodillada, llevaba un vestido blanco con florecillas rojas y un cinturón negro, un manto azul celeste con manchas rojas y en la cabeza una corona dorada que terminaba en una... cruz». «Verónica, ven acércate, no te vas a mojar, arrodíllate aquí», la escuchó decirle, y agregar: «Recemos el Credo a mi Hijo (...) Recemos la Protesta (oración de preparación a la muerte).»
Y para terminar: «Ayúdame a llorar.» - ¿Por qué lloras?, le pregunta Verónica. -Lloro por los pecadores. ¿Ves cómo llueve? Los pecadores son más numerosos que las gotas de la lluvia. Mi Hijo tiene las manos y los pies clavados, las Cinco Llagas abiertas. Si los pecadores no se convierten, mi Hijo tendrá que permitir el fin del mundo. ¿Y tú te contentarías con vivir tres o cuatro meses más, o quieres llegar al fin del mundo? - ¡Yo prefiero morir!» La Señora le pide rezar: «Cada día siete Padrenuestros, Avemarías y Glorias por la Sangre derramada, cinco Padrenuestros, Avemarías y Glorias por las Cinco llagas, y siete Padrenuestros, Avemarías y Glorias por mí que me llamo MARÍA DOLOROSA.»
Verónica escucha a la Santa Virgen decirle: «Y ahora, vete a la cabaña, si no te vas a mojar. Recuerda lo que te dije, y dile a tu madre que se lo repita a cuantos encuentre y que yo me llamo María Dolorosa.» Verónica vuelve a la cabaña y constata que sus vestidos están completamente secos, a pesar de la fuerte lluvia, y le repite a su madre el mensaje de la señora. Las dos van donde el párroco de San Nicolás de Bari, en Sorano. Días después, mientras reza las oraciones solicitadas por la Virgen, Verónica escucha una voz: « Verónica ve con tu madre donde el obispo y dile que construya una capilla.- ¡Pero él no me creerá nunca! - Ve y verás que sí te creerá. »
Verónica y su madre fueron acogidas por Monseñor Barsellotti, obispo de Pitigliano, que consideró el relato de la niña digno de interés. El 20 de julio de 1853, informó a Pío IX. El 13 de agosto siguiente, el papa le pide que inicie una encuesta y haga construir una capilla si las conclusiones son positivas. Monseñor Barzellotti cae enfermo y muere en 1861. Es el obispo de la diócesis de Acquapendente (?1877) quien llevará a cabo la encuesta. Verónica hace luego sus votos de terciaria franciscana. Muchas curaciones se dieron, entre ellas las de la madre de Verónica que tenía un tumor en el vientre.
El de 8 septiembre de 1864, se abre a los fieles una iglesia en el lugar de la aparición, que luego llega a ser la iglesia parroquial. Las circunstancias retardan el juicio de las autoridades eclesiásticas. Será sólo el 25 de marzo de 1978 que Monseñor de Ascenzi, obispo de Sovana-Pitigliano, publica el decreto que eleva el santuario de Cerreto al rango de santuario diocesiano.
Diccionario de las Apariciones del Padre Laurentin
Ediciones Fayard, 2007.
Eterna gratitud al Dr. Huber Bech por esta bella aportación.

Miércoles VII de Pascua, 23 de Mayo del 2012 "Padre Santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros..."

 
Día litúrgico: Miércoles VII de Pascua, 23 de Mayo del 2012
Texto del Evangelio (Jn 17,11b-19):
"En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: «Padre Santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros. Cuando estaba yo con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido, salvo el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura.
»Pero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mu...ndo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada. Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo. No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno. Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad. Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad»..."
MEDITACIÓN:
Hoy vivimos en un mundo que no sabe cómo ser verdaderamente feliz con la felicidad de Jesús, un mundo que busca la felicidad de Jesús en todos los lugares equivocados y de la forma más equivocada posible. Buscar la felicidad sin Jesús sólo puede conducir a una infelicidad aún más profunda. Fijémonos en las telenovelas, en las que siempre se trata de alguien con problemas. Estas series de la TV nos muestran las miserias de una vida sin Dios.
Pero nosotros queremos vivir el día de hoy con la alegría de Jesús. Él ruega a su Padre en el Evangelio de hoy «y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada» (Jn 17,13). Notemos que Jesús quiere que en nosotros su alegría sea completa. Desea que nos colmemos de su alegría. Lo que no significa que no tengamos nuestra cruz, ya que «el mundo los ha odiado, porque no son del mundo» (Jn 17,14), pero Jesús espera de nosotros que vivamos con su alegría sin importar lo que el mundo pueda pensar de nosotros. La alegría de Jesús nos debe impregnar hasta lo más íntimo de nuestro ser, evitando que el estruendo superficial de un mundo sin Dios pueda penetrarnos.
Vivamos pues, hoy, con la alegría de Jesús. ¿Cómo podemos conseguir más y más de esta alegría del Señor Jesús? Obviamente, del propio Jesús. Jesucristo es el único que puede darnos la verdadera felicidad que falta en el mundo, como lo testimonian esas citadas series televisivas. Jesús dijo, «si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis» (Jn 15,7). Dediquemos cada día, por tanto, un poco de nuestro tiempo a la oración con las palabras de Dios en las Escrituras; alimentémonos y consumamos las palabras de Jesús en la Sagrada Escritura; dejemos que sean nuestro alimento, para saciarnos con la su alegría: «Al inicio del ser cristiano no hay una decisión ética o una gran idea, sino el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da a la vida un nuevo horizonte a la vida» (Benedicto XVI)...
Fr. Thomas LANE (Emmitsburg, Maryland, Estados Unidos)

Martes VII de Pascua, 22 de Mayo del 2012 "Por ellos ruego; no ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado, porque son tuyos..."

 
Día litúrgico: Martes VII de Pascua, 22 de Mayo del 2012
Texto del Evangelio (Jn 17,1-11a):
"En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: «Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti. Y que según el poder que le has dado sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los que tú le has dado. Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar.
»Ahora, Padre, glorifícame tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese. He manifestado tu Nombre a los hombres que tú me has dado tomándolos del mundo. Tuyos eran y tú me los has dado; y han guardado tu Palabra. Ahora ya saben que todo lo que me has dado viene de ti; porque las palabras que tú me diste se las he dado a ellos, y ellos las han aceptado y han reconocido verdaderamente que vengo de ti, y han creído que tú me has enviado.
»Por ellos ruego; no ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado, porque son tuyos; y todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío; y yo he sido glorificado en ellos. Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti»..."
MEDITACIÓN:
Hoy, el Evangelio de San Juan —que hace días estamos leyendo— comienza hablándonos de la “hora”: «Padre, ha llegado la hora» (Jn 17,1). El momento culminante, la glorificación de todas las cosas, la donación máxima de Cristo que se entrega por todos... “La hora” es todavía una realidad escondida a los hombres; se revelará a medida que la trama de la vida de Jesús nos abre la perspectiva de la cruz.
¿Ha llegado la hora? ¿La hora de qué? Pues ha llegado la hora en que los hombres conocemos el nombre de Dios, o sea, su acción, la manera de dirigirse a la Humanidad, la manera de hablarnos en el Hijo, en Cristo que ama.
Los hombres y las mujeres de hoy, conociendo a Dios por Jesús («las palabras que tú me diste se las he dado a ellos»: Jn 17,8), llegamos a ser testigos de la vida, de la vida divina que se desarrolla en nosotros por el sacramento bautismal. En Él vivimos, nos movemos y somos; en Él encontramos palabras que alimentan y que nos hacen crecer; en Él descubrimos qué quiere Dios de nosotros: la plenitud, la realización humana, una existencia que no vive de vanagloria personal sino de una actitud existencial que se apoya en Dios mismo y en su gloria. Como nos recuerda san Ireneo, «la gloria de Dios es que el hombre viva». ¡Alabemos a Dios y su gloria para que la persona humana llegue a su plenitud!
Estamos marcados por el Evangelio de Jesucristo; trabajamos para la gloria de Dios, tarea que se traduce en un mayor servicio a la vida de los hombres y mujeres de hoy. Esto quiere decir: trabajar por la verdadera comunicación humana, la felicidad verdadera de la persona, fomentar el gozo de los tristes, ejercer la compasión con los débiles... En definitiva: abiertos a la Vida (en mayúscula).
Por el espíritu, Dios trabaja en el interior de cada ser humano y habita en lo más profundo de la persona y no deja de estimular a todos a vivir de los valores del Evangelio. La Buena Nueva es expresión de la felicidad liberadora que Él quiere darnos...
Rev. D. Pere OLIVA i March (Sant Feliu de Torelló, Barcelona, España)