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martes, 19 de junio de 2012
«Sed santos, porque yo soy santo» (Lv 19,2)
«Sed santos, porque yo soy santo» (Lv 19,2)
Todos sabemos que existe un Dios que nos ama, que nos ha creado. Podemos acudir a él y pedirle: «Padre mío, ayúdame. Deseo ser santa, deseo ser buena, deseo amar. La santidad no es un lujo para unos pocos, ni está restringida sólo a algunas personas. Está hecha para ti, para mí y para todos. Es un sencillo deber, porque si aprendemos a amar, aprendemos a ser santos.
El primer paso para ser santo, es desearlo. Jesús quiere que seamos tan santos como su Padre. La santidad consiste en hacer la voluntad de Dios con alegría. Las palabras «deseo ser santo» significan: quiero despojarme de todo lo que no sea Dios; quiero despojarme y vaciar mi corazón de cosas materiales. Quiero renunciar a mi voluntad, a mis inclinaciones, a mis caprichos, a mi inconstancia y ser un esclavo generoso de la voluntad de Dios.
Con una total voluntad amaré a Dios, optaré por Él, correré hacia Él, llegaré a Él y lo poseeré. Pero todo depende de las palabras, «Quiero» o «No quiero». He puesto toda mi energía en la palabra «Quiero»
"LA FE DOLOROSA DE MARÍA JUNTO A LA CRUZ"
LA FE DOLOROSA DE MARÍA JUNTO A LA CRUZ
María estaba junto a la cruz... Su Hijo agonizaba sobre aquel madero como un condenado. ¡Cuán grande, cuán heroica en esos momentos la obediencia de la fe demostrada por Maria ante los insondables designios de Dios! ¡Cómo se abandona en Dios sin reservas! (RM, 18).
La fe dolorosa de María llega a su culmen cuando ella se encuentra de pie junto a la cruz de Su Hijo. Allí «Se condolió vehementemente con Su Hijo», allí «Se asoció con corazón de madre a su sacrificio», allí «Consintió con amor en la inmolación de la víctima engendrada por ella misma» (LG, 58). Es admirable ver la entereza de María, expresada por las palabras del evangelista: «Estaba de pie junto a la cruz de Jesús» (Jn 19, 25). Allí María no era una mujer pasiva, que se dejaba llevar por la violencia y vehemencia de los más dispares sentimientos. Allí María era una mujer dueña de sí misma, consciente de su función. Nada la separó de Su Hijo: con-sufrió su misma pasión; se asoció como madre a Su sacrificio, y dió su sí a la radicalidad de amor de Su Hijo, que amó sin calcular las consecuencias, hasta el extremo. La pasión cruenta de Su Hijo tuvo una réplica exacta en la pasión incruenta de la madre. En ese trance amargo Maria vive desde la fe. Ella ve que, aparentemente, se desmienten aquellas palabras del ángel: «El será grande, el Señor Dios le dará el trono de David... Reinará sobre la casa de Jacob por los siglos de los siglos y su reino no tendrá fin». María asiste al fin de Jesús. Es verdad que sobre la cruz habían colocado un rótulo que decía «Jesús Nazareno, Rey de los Judíos» (Jn 19, 19; Mc 15, 26); no se trataba de un título honorífico, sino de una forma sarcástica de hacer público el motivo de su condena. ¡Este es el fin del reino de Jesús! Maria cree, sin embargo, que la palabra de Dios se cumplirá. Por eso no huye, como los discípulos. Por eso participa en la más profunda kénosis de la fe que se haya dado en la historia de la humanidad. María acepta la espada (RM, 18). Si, en el origen de la humanidad, la mujer se había amigado con la serpiente convirtiéndose en madre de la muerte, ahora, en la plenitud de los tiempos, la mujer entra en enemistad con la serpiente, actúa desde la obediencia de la fe, una fe heroica, se abandona a Dios sin reservas y así se convierte en madre del discípulo amado, nueva Eva, «madre de los vivientes».
ORACIÓN:
Padre de la vida, Tú no quieres la muerte de tus hijos, ni te recreas en la destrucción de tus criaturas; Tú eres compasivo y misericordioso; por eso, com-padeciste la muerte de Tu Hijo Jesús; en su muerte te quedaste sin palabra; un misterioso abandono entró en Tu misterio trinitario y María se convirtió en el rostro materno de Tu soledad, en el símbolo femenino de tu compasión...
Concédenos, a imitación de ella, vivir estrechamente unidos a Ti, aun en medio de las más serias dificultades; haz que, fijando nuestro corazón en Ti, no temamos el rostro horrible de la muerte. Por Jesucristo, Nuestro Señor.
AMÉN
ORAR PARA LLEGAR A SER QUIEN DIOS HA SOÑADO QUE SEAS...
EL PODER DE LA ORACIÓN
ORAR PARA LLEGAR A SER QUIEN DIOS HA SOÑADO QUE SEAS...
Dios sueña. Nuestro buen Dios, cuyo rostro hemos conocido en la persona de Jesús de Nazareth, es Dios-que-sueña. Esto lo sabemos porque podemos contemplar, en Jesús, al soñador apasionado por el Reino de Dios, y Jesús mismo nos dice: "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre" (Jn 14, 8-9). Así que nuestro Padre Dios sueña con pasión.
Y tú eres parte del sueño de Dios. Dios te ha soñado y has sido llamado a la vida para llegar a ser quien Él sueña que seas.
♦ Por eso, orar es entrar en su presencia, para estar con Él y en Él.
♦ Oramos tomando conciencia de que habitamos en su amor soñador que nos hace vibrar y nos contagia para que soñemos también como sueña Jesús.
♦ Oramos, porque hemos puesto nuestra confianza en el anhelo de Jesús.
Oramos porque Jesús confía en nosotros y nos invita a ser parte de su anhelo de amor y justicia, de nueva humanidad en todas partes.
♦ Oramos porque Jesús nos llama y nos invita a estar con Él.
♦ Oramos para estar con Jesús y sintonizar con su corazón soñador.
♦ Oramos para indignarnos con lo que a Jesús indigna cuando exclama "Ay de vosotros..." contra quienes practican, en nombre de Dios, la hipocresía y el abuso (Mt 23, 14-36).
♦ Oramos para actuar con valentía y como actúa Jesús cuando se enfrenta en el templo a quienes buscan sólo su propio beneficio a costa de lucrarse con la fe de los demás (Jn 2, 13-22).
♦ Oramos para amar; con ese amor apasionado que siente Jesús hacia Dios. Ese amor que le hace soñar que sea Dios quien reine en la vida, aun por encima de sus gustos y deseos personales. Ese amor por el que puede exclamar primero "Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa, pero no sea como yo quiero, sino como quieras tú." (Mt 26,39) y después, en medio de la más honda angustia y dolor, poder seguir gritando ¡Elí, Elí! ¿lemá sabactaní?, esto es: «¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?» (Mt 27, 46). Sólo por pasión es que Jesús pudo morir gritando: «Padre, en tus manos pongo mi espíritu» (Lc 23,46). El amor apasionado de Jesús le hace anhelar que Dios reine, lo mismo cuando hay serenidad y certezas que cuando hay dolor y confusión. Que Dios reine y sus deseos se cumplan en la historia, en todos y cada uno de los momentos más significativos de la vida humana... Desde el nacimiento hasta lo más misterioso de la muerte.
♦ Oramos para amar, con el amor apasionado de Jesús, a las personas, a la creación toda. En los gestos de Jesús descubrimos los gestos del Dios apasionado por la vida, por la libertad, por la justicia, por la fraternidad y por el amor hasta el límite. Jesús ama y pasa la vida haciendo el bien. Devuelve la vida a Lázaro (Jn 11, 1-44), al hijo de la viuda de Naím (Lc 7, 12ss); se desvive sirviendo y curando (Mc 6, 31ss), incluye en su vida a los marginados y rechazados (Lc 7, 36-40; 10,29-37; 15, 2) y consuela y anima sin cesar diciendo "no tengáis miedo" (Mt 10, 26).
Por eso también en Jesús tenemos el modelo para seguir en la vida: El modo de ser y relacionarse consigo mismo en libertad, de relacionarse con Dios en la plena confianza, de relacionarse con los demás en el amor fraterno y en la amistad generosa y el modo de relacionarse con la creación en la responsabilidad y la solidaridad.
46 Jornada Mundial de Oración por las vocaciones - Jueves 25 de Marzo del 2010
(Fuente: CiudadRedonda.com)
Fiesta del Inmaculado Corazón de la Virgen María (16 de junio del 2012)
Fiesta del Inmaculado Corazón de la Virgen María
(16 de junio del 2012)
María, Madre de Jesús y nuestra, nos señala hoy su Inmaculado Corazón. Un corazón que arde de amor divino, que rodeado de rosas blancas nos muestra su pureza total y que atravesado por una espada nos invita a vivir el sendero del dolor-alegría.
La Fiesta de su Inmaculado Corazón nos remite de manera directa y misteriosa al Sagrado Corazón de Jesús. Y es que en María todo nos dirige a su Hijo. Los Corazones de Jesús y María están maravillosamente unidos en el tiempo y la eternidad... La Iglesia nos enseña que el modo más seguro de llegar a Jesús es por medio de su Madre. Por ello, nos consagramos al Corazón de Jesús por medio del Corazón de María.
Esto se hace evidente en la liturgia, al celebrar ambas fiestas de manera consecutiva, viernes y sábado respectivamente, en la semana siguiente al domingo del Corpus Christi. Santa María, Mediadora de todas las gracias, nos invita a confiar en su amor maternal, a dirigir nuestras plegarias pidiéndole a su Inmaculado Corazón que nos ayude a conformarnos con su Hijo Jesús.
Venerar su Inmaculado Corazón significa, pues, no sólo reverenciar el corazón físico sino también su persona como fuente y fundamento de todas sus virtudes. Veneramos expresamente su Corazón como símbolo de su amor a Dios y a los demás. El Corazón de Nuestra Madre nos muestra claramente la respuesta a los impulsos de sus dinamismos fundamentales, percibidos, por su profunda pureza, en el auténtico sentido.
Al escoger los caminos concretos entre la variedad de las posibilidades, que como a toda persona se le ofrece, María, preservada de toda mancha por la gracia, responde ejemplar y rectamente a la dirección de tales dinamismos, precisamente según la orientación en ellos impresa por el Plan de Dios.
Ella, quien atesoraba y meditaba todos los signos de Dios en su Corazón, nos llama a esforzarnos por conocer nuestro propio corazón, es decir la realidad profunda de nuestro ser, aquel misterioso núcleo donde encontramos la huella divina que exige el encuentro pleno con Dios Amor...
lunes, 18 de junio de 2012
LO QUE HE APRENDIDO EN LA VIDA...
LO QUE HE APRENDIDO EN LA VIDA
He aprendido que no puedo hacer que alguien me ame, sólo convertirme en alguien a quien se pueda amar; el resto ya depende de los otros...
He aprendido que por mucho que me preocupe por los demás, no lograré ...resolver nada. Sólo accionando y obrando lo que pueda será útil... Necesito paz para que Dios pueda manejar mi vida...
He aprendido que puede requerir años para construir la confianza y únicamente segundos para destruirla...
He aprendido que lo que verdaderamente cuenta en la vida, no son las cosas que tengo alrededor sino las personas que tengo alrededor...
He aprendido que lo más importante no es lo que me sucede sino lo que hago al respecto...
He aprendido que hay cosas que puedo hacer en un instante que podrían ocasionar dolor durante toda la vida...
He aprendido que es importante practicar para convertirme en la persona que yo quiero ser...
He aprendido que es muchísimo más fácil reaccionar que pensar...Y más satisfactorio pensar que reaccionar...
He aprendido que siempre debo despedirme de las personas que amo con palabras amorosas; podría ser la última vez que los veo...
He aprendido que puedo llegar mucho más lejos de lo que pensé y que si yo lo deseo y con la ayuda de Dios, si esa fuese Su voluntad, todo es posible...
He aprendido que soy responsable de lo que hago, cualquiera que sea el sentimiento que tenga y los resultados que obtenga...
He aprendido que, o controlo mis actitudes o ellas me controlarán a mi...
He aprendido que aprender a perdonar requiere mucha práctica, pero es la única forma como he logrado poner paz a mi corazón...
He aprendido que por bueno que sea podría haber alguien que tarde o temprano me puede hacer sentir lastimada y debo saber perdonarle por ello...
He aprendido que no siempre es suficiente ser perdonado por los otros; muchas veces soy yo la que tengo que perdonarme a mi misma...
He aprendido que por más apasionada que sea la relación en un principio, la pasión se puede desvanecer y algo más bello y profundo viene a tomar su lugar...
He aprendido que con los que amamos podemos hacer cualquier cosa --o no hacer nada-- y aún así tener el mejor de los momentos...
He aprendido que simplemente porque alguien no me ama de la manera en que yo quisiera, no significa que no me ama a su manera...
He aprendido que la madurez tiene más que ver con las experiencias que he tenido y aquello que he aprendido de ellas, que con el número de años cumplidos...
He aprendido que la verdadera amistad --y el verdadero amor-- continuan creciendo a pesar de las distancias...
He aprendido que no puedo hacer que alguien me ame, sólo convertirme en alguien a quien se pueda amar; el resto ya depende de los otros...
He aprendido que por mucho que me preocupe por los demás, no lograré ...resolver nada. Sólo accionando y obrando lo que pueda será útil... Necesito paz para que Dios pueda manejar mi vida...
He aprendido que puede requerir años para construir la confianza y únicamente segundos para destruirla...
He aprendido que lo que verdaderamente cuenta en la vida, no son las cosas que tengo alrededor sino las personas que tengo alrededor...
He aprendido que lo más importante no es lo que me sucede sino lo que hago al respecto...
He aprendido que hay cosas que puedo hacer en un instante que podrían ocasionar dolor durante toda la vida...
He aprendido que es importante practicar para convertirme en la persona que yo quiero ser...
He aprendido que es muchísimo más fácil reaccionar que pensar...Y más satisfactorio pensar que reaccionar...
He aprendido que siempre debo despedirme de las personas que amo con palabras amorosas; podría ser la última vez que los veo...
He aprendido que puedo llegar mucho más lejos de lo que pensé y que si yo lo deseo y con la ayuda de Dios, si esa fuese Su voluntad, todo es posible...
He aprendido que soy responsable de lo que hago, cualquiera que sea el sentimiento que tenga y los resultados que obtenga...
He aprendido que, o controlo mis actitudes o ellas me controlarán a mi...
He aprendido que aprender a perdonar requiere mucha práctica, pero es la única forma como he logrado poner paz a mi corazón...
He aprendido que por bueno que sea podría haber alguien que tarde o temprano me puede hacer sentir lastimada y debo saber perdonarle por ello...
He aprendido que no siempre es suficiente ser perdonado por los otros; muchas veces soy yo la que tengo que perdonarme a mi misma...
He aprendido que por más apasionada que sea la relación en un principio, la pasión se puede desvanecer y algo más bello y profundo viene a tomar su lugar...
He aprendido que con los que amamos podemos hacer cualquier cosa --o no hacer nada-- y aún así tener el mejor de los momentos...
He aprendido que simplemente porque alguien no me ama de la manera en que yo quisiera, no significa que no me ama a su manera...
He aprendido que la madurez tiene más que ver con las experiencias que he tenido y aquello que he aprendido de ellas, que con el número de años cumplidos...
He aprendido que la verdadera amistad --y el verdadero amor-- continuan creciendo a pesar de las distancias...
AHORA, HOY... ESTE ES EL MEJOR MOMENTO
AHORA, HOY... ESTE ES EL MEJOR MOMENTO
"Al pasar de los años y durante mi vida...
He comprendido que para ser feliz se necesita amar; aceptar la vida como viene; disfrutar de lo pequeño y de lo grande; conocerse a sí mismo y aceptarse así c...omo se es; sentirse querido y valorado, pero también querer y valorar; tener razones para vivir y esperar y también razones para morir y descansar.
He comprendido que la felicidad brota en el corazón, con el rocío del cariño, la ternura y la comprensión.
Que son instantes y momentos de plenitud y bienestar; que la felicidad está unida y ligada a la forma de ver a la gente y de relacionarse con ella; que siempre está de salida y que para tenerla hay que gozar de paz interior.
Finalmente he descubierto que cada edad tiene su propia medida de felicidad y que sólo Dios es la fuente suprema de la alegría, por ser Él: amor, gozo, paz, bondad, reconciliación, perdón y entrega total...
Y en mi mente recuerdo aquel proverbio que dice:
"En ocasiones cuánto gozamos con lo poco que tenemos y cuanto sufrimos por lo mucho que anhelamos"
Séamos felices antes de que se nos haga demasiado tarde...!"
"Al pasar de los años y durante mi vida...
He comprendido que para ser feliz se necesita amar; aceptar la vida como viene; disfrutar de lo pequeño y de lo grande; conocerse a sí mismo y aceptarse así c...omo se es; sentirse querido y valorado, pero también querer y valorar; tener razones para vivir y esperar y también razones para morir y descansar.
He comprendido que la felicidad brota en el corazón, con el rocío del cariño, la ternura y la comprensión.
Que son instantes y momentos de plenitud y bienestar; que la felicidad está unida y ligada a la forma de ver a la gente y de relacionarse con ella; que siempre está de salida y que para tenerla hay que gozar de paz interior.
Finalmente he descubierto que cada edad tiene su propia medida de felicidad y que sólo Dios es la fuente suprema de la alegría, por ser Él: amor, gozo, paz, bondad, reconciliación, perdón y entrega total...
Y en mi mente recuerdo aquel proverbio que dice:
"En ocasiones cuánto gozamos con lo poco que tenemos y cuanto sufrimos por lo mucho que anhelamos"
Séamos felices antes de que se nos haga demasiado tarde...!"
jueves, 26 de abril de 2012
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