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jueves, 12 de julio de 2012
"DESDE MI CRUZ HASTA TU SOLEDAD..."
ESPECIALMENTE PARA TÍ:
"DESDE MI CRUZ HASTA TU SOLEDAD..."
Te escribo desde mi Cruz a tu soledad,
a ti, que tantas veces me miràste sin verme
y me oíste sin escucharme...
A ti, que tantas veces prometìste
seguirme de cerca
y sin saber por qué te distanciaste
de las huellas que dejé en el mundo,
para que no te perdieras...
A ti, que no siempre crees que estoy contigo,
que me buscas sin hallarme
y a veces pierdes la fe en encontrarme...
A ti, que a veces piensas que soy un recuerdo
y no comprendes que estoy vivo.
Yo soy el principio y el fin...
Soy el camino para no desviarte,
la verdad para que no te equivoques
y la vida para no morir.
Mi tema preferido es el amor,
que fue mi razón para vivir y para morir.
Yo fui libre hasta el fin...
Tuve un ideal claro
y lo defendí con mi sangre para salvarte.
Fui maestro y servidor...
Soy sensible a la amistad
y hace tiempo que espero que me regales la tuya.
Nadie como yo conoce tu alma,
tus pensamientos, tu proceder,
y sé muy bien lo que vales.
Sé que quizás tu vida
te parezca pobre a los ojos del mundo,
pero Yo sé que tienes mucho para dar,
y estoy seguro que dentro de tu corazón
hay un tesoro escondido...
Conócete a ti mismo
y me harás un lugar a mí.
¡Si supieras cuánto hace
que golpeo las puertas de tu corazón
y no recibo respuesta...!
A veces también me duele que me ignores
y me condenes como Pilatos...
Otras, que me niegues como Pedro,
y que otras tantas me traiciones como Judas.
Y hoy, te pido paciencia, amor,
responsabilidad, tolerancia para tus semejantes,
comprensión para con todos tus hermanos,
compasión para el que sufre,
¡Servicio para todos...!
Quisiera no volver a verte egoísta,
orgulloso, rebelde, disconforme, pesimista...
Desearía que tu vida fuera alegre,
siempre joven y cristiano...
Cada vez que flaquées, búscame y me encontrarás...
Cada vez que te sientas cansado,
háblame, cuéntame...
Cada vez que creas que no sirves para nada
no te deprimas...
No te creas poca cosa,
no olvides que Yo necesité de un asno
para entrar en Jerusalén
y necesito de tu pequeñez
para entrar en el alma de tu prójimo...
Cada vez que te sientas solo en el camino,
no olvides que estoy contigo...
No te canses de pedirme
que Yo no me cansaré de darte...
No te canses de seguirme
que Yo no me cansaré de acompañarte...
¡Nunca te dejaré solo...!
Aquí a tu lado me tienes...
Estoy siempre a tu lado para ayudarte...
Estoy y Soy siempre para amarte...
El mismo amigo, ayer,hoy y siempre:
JESÚS
EL SANTO DE ASÍS, SAN FRANCISCO...:
EJEMPLO DE SANTIDAD...! TODO GRACIAS A SU GRAN PRUDENCIA, SABIDURIA y CARIDAD... SIEMPRE ENAMORADO DE CRISTO, ENAMORADO DE SU CRUZ...
EL SANTO DE ASÍS, SAN FRANCISCO...:
"Bien lo saben cuantos hermanos convivieron con él, qué a diario, qué de continuo traía en sus labios la conversación de Jesús... Qué dulce y suave su diálogo; qué coloquio más tierno y amoroso mantenía. De la abundancia del corazón habla la boca, y la fuente de su amor iluminado que llenaba todas sus entrañas, bullendo saltaba fuera. ¡Qué intimidades las suyas con Jesús! Jesús en el corazón, Jesús en los labios, Jesús en los oídos, Jesús en los ojos, Jesús en las manos, Jesús presente siempre en todos sus miembros... Porque con amor ardiente llevaba y conservaba siempre en su corazón a Jesucristo, y éste Crucificado, fue marcado gloriosamente sobre todos con el sello de Cristo..." (1Celano 115)
En esa obra maestra admirable que es la vida y la persona del Santo de Asís confluyeron tres componentes principales: la gracia, la naturaleza y la propia personalidad, ya presentes en sus primeros 24 años de vida pura e íntegra, pero también vana y disipada. Los tres componentes se entremezclaron luego en sus veinte años de conversión y penitencia, en una creciente tensión espiritual, hasta alcanzar su punto culminante en la transformación mística en Cristo estigmatizado. Fruto de la gracia y de los dones extraordinarios de Dios, sin duda, pero también de su esfuerzo heroico y constante en la práctica de toda virtud humana, moral y social, a la luz del Evangelio de Cristo y al servicio del amor de Dios y del prójimo.
La espiritualidad de San Francisco de Asís es, sobre todo, cristocéntrica y evangélica, afectiva y mística. Francisco, en su contemplación del misterio trinitario, ve sobre todo en la persona del Hijo de Dios encarnado y crucificado al hermano mayor de toda la humanidad, al autor de la salvación, mediador y modelo de nuestra comunión con Dios. Esto lo descubrió ya desde el momento de su conversión. La visión de Cristo crucificado en San Damián, lo marcó de tal modo para toda su vida, que no podía recordar la Pasión del Señor sin que le saltaran las lágrimas y, como dice San Buenaventura, ya desde entonces llevó impresas en su interior las llagas de la pasión. Por tanto, la espiritualidad de San Francisco no es especulativa sino afectiva, y es su compasión por Cristo lo que le empuja a seguirlo y a imitarlo en todo, hasta parecer otro Cristo pobre y crucificado.
Francisco encontraba a Jesucristo pobre y crucificado en los pobres, en los leprosos, en las pruebas, en las iglesias en ruinas y, sobre todo, en la soledad y en el silencio de la oración. Allí, transformado no ya en orante sino "en la oración misma", contemplaba con los ojos de la mente y con el corazón la pobreza en Belén de Cristo y de su madre pobrecilla; la caridad que lo llevó a la cruz por amor nuestro; y su humildad en la Eucaristía, hecho pan en las manos del sacerdote para la vida del mundo.
El gran amor de Dios por la humanidad manifestado en Cristo le hacía vivir en constante alabanza y acción de gracias, bendiciendo a Dios por todas las cosas creadas por Dios, que de él llevan "significación". Y por su "compasión" a Cristo encarnado amaba a toda criatura, animada o inanimada, en especial al hombre redimido con su sangre, y a proclamarlo a los cuatro vientos cual mensajero de su salvación y de su paz, no sólo a los hombres de todo el mundo, cristianos o no, de cualquier clase o condición, sino incluso a los pájaros, al fuego, a los peces, a toda criatura. Y sus palabras no eran estériles, pues eran inspiradas e iban acompañadas por el ejemplo de una vida intachable. Y todo eso, a diferencia de otros movimientos evangélicos de su tiempo, lo vivió desde una fe inquebrantable en la Iglesia católica, en su doctrina y en sus ministros. "Hombre católico y totalmente apostólico, que en su predicación exhortaba, principalmente, a observar inviolablemente la fe de la Iglesia Romana" (Julián de Spira).
San Francisco fue también, desde su conversión, un "penitente", es decir, un hombre en camino de conversión, de regreso a la voluntad del Padre. Mas el regreso no es posible sin penitencia, sin austeridad ni mortificación de los sentidos, sin dar muerte al hombre viejo esclavo de los vicios y pecados. Su ascética fue la práctica y el ejercicio de las virtudes, principalmente las seis virtudes que él llama "hermanas": la reina sabiduría con la pura sencillez, la dama pobreza, con la santa humildad, la señora santa caridad y la santa obediencia. La ascesis lo transformó en un hombre renovado, devuelto a la inocencia original pues, habiendo vencido al pecado, se sentía perdonado y reconciliado con Dios, en paz consigo mismo y en comunión con toda criatura animada o inanimada. De ahí su optimismo y la "verdadera alegría" que lo lleva a componer el Cántico del hermano Sol cuando se estaba quedando ciego, y a recibir cantando a la "Hermana Muerte"...
"Un hombre previsor construye su casa sobre roca..."
PRUDENCIA, SABIDURÍA, AMOR...
PRUDENCIA, SABIDURÍA, AMOR...
Jesús, maestro de autoridad convincente, enseña los "requisitos" para pertenecer a su Reino —¡de amor!— y cuál ha de ser nuestra actitud ante la Ley de Dios. Escuchar realmente la Palabra de Dios implica ponerla por obra. Quien lo haga tendrá prudencia y sabiduría.
El antiguo Israel tenía conciencia de ser un pueblo sabio porque conocía explícitamente la Ley de Dios. Actualmente, se respira un desafecto ante la ley, especialmente si es de Dios o si es "Ley moral". Pero ésta no es una imposición, sino un "don" que nos enseña las "razones" del crecimiento humano y del acercamiento al Creador. Aprendamos de nuestra propia historia: donde se rechaza y/o se desconoce la Ley de Dios se desconoce también la dignidad de la persona humana y fácilmente se la maltrata.
"—Señor, mi Dios, ayúdame a poner por obra tus preceptos para adquirir la verdadera sabiduría de la vida...—"
EL CARACTER VITAL DE LA FE
EL CARACTER VITAL DE LA FE
Jesucristo nos habla del carácter vital de la fe, que no consiste en la simple aceptación de determinados axiomas (o principios) teóricos, sino que es una "semilla" de vida dentro de nosotros. Una semilla!: Algo pequeño, pero vivo, que debe recorrer un camino de crecimiento...
Nuestra fe no es una teoría ni una costumbre aprendida, sino un acontecimiento: Un encuentro con Dios. Ciertamente, la fe en Jesús es "conocimiento", pero es un conocer que nos "compromete". La fe va de la palabra a la idea, pero tiene siempre que regresar de la idea a la palabra y a la acción. La fe no se puede demostrar: es un cambio del ser, y sólo quien cambia la acoge. Es un cambio que hay que hacer todos los días.
"Jesús, conocerte a ti me trae un regalo: Dios está en camino hacia mí. Ayúdame a corresponder a la exigencia que este regalo me plantea: al creer en ti, debo caminar contigo..."
AMÉN
SALVE MARÍA, MADRE DE DIOS
SALVE MARÍA, MADRE DE DIOS
"Salve, María, Madre de Dios, Veneradísimo tesoro de todo el orbe, antorcha inextinguible, corona de la virginidad, trono de la recta doctrina, templo indestructible, habitáculo de aquel que no puede ser contenido en lugar alguno.
Virgen y Madre por quien se nos ha dado el llamado en los Evangelios...: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor....!
Salve, Tú que encerraste en Tu seno virginal al que es inmenso e inabarcable. Tú, por quien la Santísima Trinidad es adorada y glorificada. Tú, por quien la cruz preciosa es celebrada y adorada en todo el mundo. Tú, por quien exulta el cielo, se alegran los ángeles y arcángeles, huyen los demonios, por quien el diablo tentador fue arrojado del cielo, y la criatura, caída por el pecado, es elevada al cielo..."
(San Cirilo de Alejandría) (v.380-v.444)
Defensor del título de María « Théotokos » en el Concilio de Éfeso (431
"DIOS MÍO, TE AMO PERO... ¡ENSÉÑAME A AMAR!"
"DIOS MÍO, TE AMO PERO... ¡ENSÉÑAME A AMAR!"
SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ DE BALAGUER
26 de Junio del 2012
Josemaría Escrivá de Balaguer, nacido en Barbastro (Huesca) en 1902. Murió en Roma el 26 de junio de 1975. Hijo de José y de Dolores, que se habían casado en 1898 y que tuvieron seis hijos. Decidió hacerse sacerdote diocesano para estar con plena disponibilidad al querer divino sólo intuido. Alternó los estudios de Derecho en la Universidad de Zaragoza con los de Filosofía y Teología en el seminario. Se ordenó sacerdote el 28 de marzo de 1925. El 2 de octubre de 1928 fundó, en Madrid, el Opus Dei, que abre un nuevo camino de santificación en medio del mundo a través del trabajo profesional en el cumplimiento heroico de los deberes personales, familiares y sociales. La misión encomendada era colosal, sólo limitada por la misma extensión del mundo y por sus millones de habitantes. Aquello sólo era posible con una profunda vida interior; hacía falta mucha oración y abundante mortificación. El desarrollo de la labor que Dios quería que hiciera no tenía camino jurídico dentro del organismo de la Iglesia. Era un proyecto universal eminentemente laical, y hasta entonces el derecho eclesiástico se limitaba en lo universal a la regulación de las familias clericales o de religiosos. Desarrolló una prodigiosa actividad , por más de cuarenta años, en medio de numerosas dificultades de todo tipo, donde no faltaron incomprensiones y calumnias; sufrió el recelo de personas . Su enamoramiento de Jesucristo en la Eucaristía, la filial devoción a la Virgen santísima y a san José, y la complicidad de los Ángeles hicieron posible que llevara con fe, alegría y buen humor esta «persecución de los buenos» como él la llamó. La Prelatura del Opus Dei está extendida por los cinco continentes y cientos de miles de fieles acuden a la intercesión de San Josemaría, que dejó, además de sus libros La Abadesa de las Huelgas (estudio histórico-jurídico), Camino, Surco, Forja, Amigos de Dios, Es Cristo que pasa y numerosas Cartas, un millar de hijos suyos sacerdotes a su muerte, y... ¿sabes?, le gustaba bendecir las guitarras de los jóvenes.
El 17 de mayo de 1992, Juan Pablo II beatifica a Josemaría Escrivá de Balaguer. Lo proclama Santo diez años después, el 6 de octubre de 2002, en la plaza de San Pedro, en Roma, ante una gran multitud. «Siguiendo sus huellas», dijo en esa ocasión el Papa en su homilía, «difundid en la sociedad, sin distinción de raza, clase, cultura o edad, la conciencia de que todos estamos llamados a la santidad».
martes, 26 de junio de 2012
DESDE SU LECHO DE ENFERMO Y LLENO DE ESPERANZA EN EL AMOR DE CRISTO JESÚS Y LA TERNURA DE NUESTRA MÁMA : ¡GRACIAS...!
DESDE SU LECHO DE ENFERMO Y LLENO DE ESPERANZA EN EL AMOR DE CRISTO JESÚS Y LA TERNURA DE NUESTRA MÁMA: ¡GRACIAS...!
En uno de los muchísimos e-mails que he intercambiado con mi amado hermano, él me escribió estas letras las cuales me parecieron tan lindas que no pude evitar el compartirlas con todos Uds. gente preciosa que nos ha acompañado con sus oraciones y apoyo espiritual... No tengo palabras para agradecer este cariño de hermanos y oraciones que a través de esta dura prueba nos han demostrado, hecho llegar y sentir...En nombre de mi familia, especialmente en nombre de mi hermano Mario Roberto, a quien le ha llegado a su corazón cada plegaria, pensamiento y buen deseo: ¡GRACIAS! ¡Dios y María Santísima les bendiga grandemente!... Aún se necesita mucha oración... ¡Mil gracias!
Isabel, siempre confiando y apoyada en el INENTENDIBLE AMOR DE JESÚS Y MÁMA MARÍA.
PARA TODO AQUÉL QUE ES MAESTRO...¡DIOS LES BENDIGA!
PARA TODO AQUÉL QUE ES MAESTRO...¡DIOS LES BENDIGA!
De corazón, deseo a todos los Maestros, quienes tienen la noble y bendita tarea de educar y formar al futuro de cada nación, un Felíz Día... Qué Jesús, MAESTRO DE MAESTROS, les ilumine con Su Santo Espíritu, su amor y Su gracia para poder llevar a cabo esta noble misión encomendada. Qué María Santísima, interceda siempre por cada uno porque Nuestro Señor Jesucristo, Su Santísimo Hijo les conceda siempre la sabiduria, la paciencia, la auténtica vocación y el amor que tanto se ...necesita en la formación, basada en altos en valores morales y espirituales así como el gran amor a a Dios, al prójimo y a sí mismo, amor fundamental para amar todo lo demás... ¡Dios les bendiga hoy y siempre!
ORACIÓN DEL MAESTRO:
PERMÍTEME SEÑOR...
Conocer, comprender y educar a todos mis alumnos... Tratarlos con autoridad y firmeza, pero con un gran amor... Señor, que yo guarde siempre el respeto y consideración que cada uno merece por su individualidad como seres únicos, su independencia y libertad; haciéndoles entender que tienen deberes y que, así como ellos son merecedores, los demás: Sus semejantes, merecen lo mismo en retribución a lo que reciben... Ayúdame a formar en mis alumnos, sentimientos de humildad, amor y conciencia para con los demás sin perder por esto la estima que cada uno debe sentir por si mismo... Qué reconozcan en su prójimo las necesidades y sepan ver a travez de, lo que yo puedo transmitirles, Tu rostro y Tu amor... Qué mi amor de Maestro, no sólo transmita conocimientos sino tambien una formación que pueda inculcarles colaboración, ayuda y participación hacía el hermano que más lo necesita...
Recordar siempre que la misión que me has encomendado, aunque difícil es muy bella y la más bendita que pudíste haberme otorgado... ¡Yo, me atrevo a llamarme Maestro y darme este nombre ante Tí que eres el Gran Maestro de Maestros...! Porfavor, conserva en mi Señor, la humildad que siempre debo guardar y que nunca use mi posición para sobrecargarme de autoridad y poder.... Qué yo siempre acepte que, ante cada alumno, tambien yo puedo pasar a vivir este papél y aprender mucho de ellos si pongo la atención y el corazón en cada día de trabajo y labor :"Formar el mundo del mañana".
Ayúdame a oírlos en sus dudas y reclamos, aceptando que, como humano, no soy dueño de la verdad y por lo tanto, puedo fallar y puedo equivocarme.
Señor, que todo sea por el bien de mis alumnos que son mi mayor compromiso ante Tí y ante esta tierra que tanto bien necesita...
¡Ilúminame, Tu Señor, que eres el ejemplo de cada Maestro...!
Gracias Señor Jesús, porque Tu caminas conmigo y porque Máma, me lleva de Su tierno y amoroso brazo para llevar a cada uno de mis alumnos al camino que conduce a Tí..."
RILEGUZ - INENTENDIBLE AMOR DE JESÚS
ORACIÓN DEL MAESTRO:
PERMÍTEME SEÑOR...
Conocer, comprender y educar a todos mis alumnos... Tratarlos con autoridad y firmeza, pero con un gran amor... Señor, que yo guarde siempre el respeto y consideración que cada uno merece por su individualidad como seres únicos, su independencia y libertad; haciéndoles entender que tienen deberes y que, así como ellos son merecedores, los demás: Sus semejantes, merecen lo mismo en retribución a lo que reciben... Ayúdame a formar en mis alumnos, sentimientos de humildad, amor y conciencia para con los demás sin perder por esto la estima que cada uno debe sentir por si mismo... Qué reconozcan en su prójimo las necesidades y sepan ver a travez de, lo que yo puedo transmitirles, Tu rostro y Tu amor... Qué mi amor de Maestro, no sólo transmita conocimientos sino tambien una formación que pueda inculcarles colaboración, ayuda y participación hacía el hermano que más lo necesita...
Recordar siempre que la misión que me has encomendado, aunque difícil es muy bella y la más bendita que pudíste haberme otorgado... ¡Yo, me atrevo a llamarme Maestro y darme este nombre ante Tí que eres el Gran Maestro de Maestros...! Porfavor, conserva en mi Señor, la humildad que siempre debo guardar y que nunca use mi posición para sobrecargarme de autoridad y poder.... Qué yo siempre acepte que, ante cada alumno, tambien yo puedo pasar a vivir este papél y aprender mucho de ellos si pongo la atención y el corazón en cada día de trabajo y labor :"Formar el mundo del mañana".
Ayúdame a oírlos en sus dudas y reclamos, aceptando que, como humano, no soy dueño de la verdad y por lo tanto, puedo fallar y puedo equivocarme.
Señor, que todo sea por el bien de mis alumnos que son mi mayor compromiso ante Tí y ante esta tierra que tanto bien necesita...
¡Ilúminame, Tu Señor, que eres el ejemplo de cada Maestro...!
Gracias Señor Jesús, porque Tu caminas conmigo y porque Máma, me lleva de Su tierno y amoroso brazo para llevar a cada uno de mis alumnos al camino que conduce a Tí..."
RILEGUZ - INENTENDIBLE AMOR DE JESÚS
Martes XII del tiempo ordinario, 26 de Junio del 2012 "todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas"
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO:
Día litúrgico: Martes XII del tiempo ordinario, 26 de Junio del 2012
Texto del Evangelio (Mt 7,6.12-14):
"En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No deis a los perros lo que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen con sus patas, y después, volviéndose, os despedacen. Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas. ...Entrad por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que lo encuentran»..."
MEDITACIÓN:
A) Hoy, el Señor nos hace tres recomendaciones. La primera, «No deis a los perros lo que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos» (Mt 7,6), contrastes en que los “bienes” son asociados a “perlas” y lo “que es santo”; y, por otro lado, los “perros y puercos” a lo que es impuro. San Juan Crisóstomo nos enseña que «nuestros enemigos son iguales a nosotros en su naturaleza pero no en su fe». A pesar de que los beneficios terrenales son concedidos de igual manera a los dignos e indignos, no es así en lo que se refiere a las “gracias espirituales”, privilegio de aquellos que son fieles a Dios. La correcta distribución de los bienes espirituales implica un celo por las cosas sagradas.
La segunda es la llamada “Regla de oro” (cf. Mt 7,12), que compendiaba todo lo que la Ley y los Profetas recomendaron, tal como ramas de un único árbol: El amor al prójimo presupone el Amor a Dios, y de Él proviene.
Hacer al prójimo lo que queremos que nos hagan implica una transparencia de acciones para con el otro, en el reconocimiento de su semejanza a Dios, de su dignidad. ¿Por qué razón deseamos el Bien para nosotros mismos? Porque lo reconocemos como medio de identificación y unión con el Creador. Siendo el Bien el único medio para la vida en plenitud, es inconcebible su ausencia en nuestra relación con el prójimo. No hay lugar para el bien donde prevalezca la falsedad y predomine el mal.
Por último, la "Puerta estrecha"... El Papa Benedicto XVI nos pregunta: «¿Qué significa esta ‘puerta estrecha’? ¿Por qué muchos no pueden pasar por ella? ¿Es un pasaje reservado para algunos elegidos?». ¡No! El mensaje de Cristo «nos dice que todos podemos entrar en la vida. El pasaje es ‘estrecho’, pero abierto a todos; ‘estrecho’ porque es exigente, requiere compromiso, abnegación, mortificación del propio egoísmo».
Roguemos al Señor que realizó la salvación universal con su muerte y resurrección, que nos reúna a todos en el Banquete de la vida eterna.
Diácono D. Evaldo PINA FILHO (Brasília, Brasil)
B) Hoy, Jesús nos hace tres recomendaciones importantes. No obstante, centraremos nuestra atención en la última: «Entrad por la entrada estrecha» (Mt 7,13), para conseguir la vida plena y ser siempre felices, para evitar ir a la perdición y vernos condenados para siempre.
Si echas un vistazo a tu alrededor y a tu misma existencia, fácilmente comprobarás que todo cuanto vale cuesta, y que lo que tiene un cierto nivel está sujeto a la recomendación del Maestro: como han dicho con gran profundidad los Padres de la Iglesia, «por la cruz se cumplen todos los misterios que contribuyen a nuestra salvación» (San Juan Crisóstomo). Una vez me decía, en el lecho de su agonía, una anciana que había sufrido mucho en su vida: «Padre, quien no saborea la cruz no desea el cielo; sin cruz no hay cielo».
Todo lo dicho contradice a nuestra naturaleza caída, aunque haya sido redimida. Por eso, además de enfrentarnos con nuestro natural modo de ser, tendremos que ir a contracorriente a causa del ambiente de bienestar que se fundamenta en el materialismo y en el goce incontrolado de los sentidos, que buscan —al precio de dejar de ser— tener más y más, obtener el máximo placer.
Siguiendo a Jesús —que ha dicho «Yo soy la luz del mundo. El que me siga no caminará a oscuras, sino que tendrá la luz de la vida» (Jn 8,12)—, nos damos cuenta que el Evangelio no nos condena a una vida oscura, aburrida e infeliz, sino todo lo contrario, pues nos promete y nos da la felicidad verdadera. No hay más que repasar las Bienaventuranzas y mirar a aquellos que, después de entrar por la puerta estrecha, han sido felices y han hecho dichosos a los demás, obteniendo —por su fe y esperanza en Aquel que no defrauda— la recompensa de la abnegación: «El ciento por uno en el presente y la vida eterna en el futuro» (Lc 18,30). El “sí” de María está acompañado por la humildad, la pobreza, la cruz, pero también por el premio a la fidelidad y a la entrega generosa.
Rev. D. Lluís ROQUÉ i Roqué (Manresa, Barcelona, España)
Día litúrgico: Martes XII del tiempo ordinario, 26 de Junio del 2012
Texto del Evangelio (Mt 7,6.12-14):
"En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No deis a los perros lo que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen con sus patas, y después, volviéndose, os despedacen. Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas. ...Entrad por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que lo encuentran»..."
MEDITACIÓN:
A) Hoy, el Señor nos hace tres recomendaciones. La primera, «No deis a los perros lo que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos» (Mt 7,6), contrastes en que los “bienes” son asociados a “perlas” y lo “que es santo”; y, por otro lado, los “perros y puercos” a lo que es impuro. San Juan Crisóstomo nos enseña que «nuestros enemigos son iguales a nosotros en su naturaleza pero no en su fe». A pesar de que los beneficios terrenales son concedidos de igual manera a los dignos e indignos, no es así en lo que se refiere a las “gracias espirituales”, privilegio de aquellos que son fieles a Dios. La correcta distribución de los bienes espirituales implica un celo por las cosas sagradas.
La segunda es la llamada “Regla de oro” (cf. Mt 7,12), que compendiaba todo lo que la Ley y los Profetas recomendaron, tal como ramas de un único árbol: El amor al prójimo presupone el Amor a Dios, y de Él proviene.
Hacer al prójimo lo que queremos que nos hagan implica una transparencia de acciones para con el otro, en el reconocimiento de su semejanza a Dios, de su dignidad. ¿Por qué razón deseamos el Bien para nosotros mismos? Porque lo reconocemos como medio de identificación y unión con el Creador. Siendo el Bien el único medio para la vida en plenitud, es inconcebible su ausencia en nuestra relación con el prójimo. No hay lugar para el bien donde prevalezca la falsedad y predomine el mal.
Por último, la "Puerta estrecha"... El Papa Benedicto XVI nos pregunta: «¿Qué significa esta ‘puerta estrecha’? ¿Por qué muchos no pueden pasar por ella? ¿Es un pasaje reservado para algunos elegidos?». ¡No! El mensaje de Cristo «nos dice que todos podemos entrar en la vida. El pasaje es ‘estrecho’, pero abierto a todos; ‘estrecho’ porque es exigente, requiere compromiso, abnegación, mortificación del propio egoísmo».
Roguemos al Señor que realizó la salvación universal con su muerte y resurrección, que nos reúna a todos en el Banquete de la vida eterna.
Diácono D. Evaldo PINA FILHO (Brasília, Brasil)
B) Hoy, Jesús nos hace tres recomendaciones importantes. No obstante, centraremos nuestra atención en la última: «Entrad por la entrada estrecha» (Mt 7,13), para conseguir la vida plena y ser siempre felices, para evitar ir a la perdición y vernos condenados para siempre.
Si echas un vistazo a tu alrededor y a tu misma existencia, fácilmente comprobarás que todo cuanto vale cuesta, y que lo que tiene un cierto nivel está sujeto a la recomendación del Maestro: como han dicho con gran profundidad los Padres de la Iglesia, «por la cruz se cumplen todos los misterios que contribuyen a nuestra salvación» (San Juan Crisóstomo). Una vez me decía, en el lecho de su agonía, una anciana que había sufrido mucho en su vida: «Padre, quien no saborea la cruz no desea el cielo; sin cruz no hay cielo».
Todo lo dicho contradice a nuestra naturaleza caída, aunque haya sido redimida. Por eso, además de enfrentarnos con nuestro natural modo de ser, tendremos que ir a contracorriente a causa del ambiente de bienestar que se fundamenta en el materialismo y en el goce incontrolado de los sentidos, que buscan —al precio de dejar de ser— tener más y más, obtener el máximo placer.
Siguiendo a Jesús —que ha dicho «Yo soy la luz del mundo. El que me siga no caminará a oscuras, sino que tendrá la luz de la vida» (Jn 8,12)—, nos damos cuenta que el Evangelio no nos condena a una vida oscura, aburrida e infeliz, sino todo lo contrario, pues nos promete y nos da la felicidad verdadera. No hay más que repasar las Bienaventuranzas y mirar a aquellos que, después de entrar por la puerta estrecha, han sido felices y han hecho dichosos a los demás, obteniendo —por su fe y esperanza en Aquel que no defrauda— la recompensa de la abnegación: «El ciento por uno en el presente y la vida eterna en el futuro» (Lc 18,30). El “sí” de María está acompañado por la humildad, la pobreza, la cruz, pero también por el premio a la fidelidad y a la entrega generosa.
Rev. D. Lluís ROQUÉ i Roqué (Manresa, Barcelona, España)
Día litúrgico: Lunes XII del tiempo ordinario, 25 de Junio del 2012 "No juzguéis, para que no seáis juzgados"
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO:
Día litúrgico: Lunes XII del tiempo ordinario, 25 de Junio del 2012
Texto del Evangelio (Mt 7,1-5):
"En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio ...con que juzguéis seréis juzgados, y con la medida con que midáis se os medirá. ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu ojo? ¿O cómo vas a decir a tu hermano: ‘Deja que te saque la brizna del ojo’, teniendo la viga en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna del ojo de tu hermano»..."
MEDITACIÒN:
Hoy, el Evangelio me ha recordado las palabras de la Mariscala en El caballero de la Rosa, de Hug von Hofmansthal: «En el cómo está la gran diferencia». De cómo hagamos una cosa cambiará mucho el resultado en muchos aspectos de nuestra vida, sobre todo, la espiritual.
Jesús dice: «No juzguéis, para que no seáis juzgados» (Mt 7,1). Pero Jesús también había dicho que hemos de corregir al hermano que está en pecado, y para eso es necesario haber hecho antes algún tipo de juicio. San Pablo mismo en sus escritos juzga a la comunidad de Corinto y san Pedro condena a Ananías y a su esposa por falsedad. A raíz de esto, san Juan Crisóstomo justifica: «Jesús no dice que no hemos de evitar que un pecador deje de pecar, hemos de corregirlo sí, pero no como un enemigo que busca la venganza, sino como el médico que aplica un remedio». El juicio, pues, parece que debiera hacerse sobre todo con ánimo de corregir, nunca con ánimo de venganza.
Pero todavía más interesante es lo que dice san Agustín: «El Señor nos previene de juzgar rápida e injustamente (...). Pensemos, primero, si nosotros no hemos tenido algún pecado semejante; pensemos que somos hombres frágiles, y [juzguemos] siempre con la intención de servir a Dios y no a nosotros». Si cuando vemos los pecados de los hermanos pensamos en los nuestros, no nos pasará, como dice el Evangelio, que con una viga en el ojo queramos sacar la brizna del ojo de nuestro hermano (cf. Mt 7,3).
Si estamos bien formados, veremos las cosas buenas y las malas de los otros, casi de una manera inconsciente: de ello haremos un juicio. Pero el hecho de mirar las faltas de los otros desde los puntos de vista citados nos ayudará en el cómo juzguemos: ayudará a no juzgar por juzgar, o por decir alguna cosa, o para cubrir nuestras deficiencias o, sencillamente, porque todo el mundo lo hace. Y, para acabar, sobre todo tengamos en cuenta las palabras de Jesús: «Con la medida con que midáis se os medirá» (Mt 7,2).
Rev. D. Jordi POU i Sabater (Sant Jordi Desvalls, Girona, España)
Día litúrgico: Lunes XII del tiempo ordinario, 25 de Junio del 2012
Texto del Evangelio (Mt 7,1-5):
"En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio ...con que juzguéis seréis juzgados, y con la medida con que midáis se os medirá. ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu ojo? ¿O cómo vas a decir a tu hermano: ‘Deja que te saque la brizna del ojo’, teniendo la viga en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna del ojo de tu hermano»..."
MEDITACIÒN:
Hoy, el Evangelio me ha recordado las palabras de la Mariscala en El caballero de la Rosa, de Hug von Hofmansthal: «En el cómo está la gran diferencia». De cómo hagamos una cosa cambiará mucho el resultado en muchos aspectos de nuestra vida, sobre todo, la espiritual.
Jesús dice: «No juzguéis, para que no seáis juzgados» (Mt 7,1). Pero Jesús también había dicho que hemos de corregir al hermano que está en pecado, y para eso es necesario haber hecho antes algún tipo de juicio. San Pablo mismo en sus escritos juzga a la comunidad de Corinto y san Pedro condena a Ananías y a su esposa por falsedad. A raíz de esto, san Juan Crisóstomo justifica: «Jesús no dice que no hemos de evitar que un pecador deje de pecar, hemos de corregirlo sí, pero no como un enemigo que busca la venganza, sino como el médico que aplica un remedio». El juicio, pues, parece que debiera hacerse sobre todo con ánimo de corregir, nunca con ánimo de venganza.
Pero todavía más interesante es lo que dice san Agustín: «El Señor nos previene de juzgar rápida e injustamente (...). Pensemos, primero, si nosotros no hemos tenido algún pecado semejante; pensemos que somos hombres frágiles, y [juzguemos] siempre con la intención de servir a Dios y no a nosotros». Si cuando vemos los pecados de los hermanos pensamos en los nuestros, no nos pasará, como dice el Evangelio, que con una viga en el ojo queramos sacar la brizna del ojo de nuestro hermano (cf. Mt 7,3).
Si estamos bien formados, veremos las cosas buenas y las malas de los otros, casi de una manera inconsciente: de ello haremos un juicio. Pero el hecho de mirar las faltas de los otros desde los puntos de vista citados nos ayudará en el cómo juzguemos: ayudará a no juzgar por juzgar, o por decir alguna cosa, o para cubrir nuestras deficiencias o, sencillamente, porque todo el mundo lo hace. Y, para acabar, sobre todo tengamos en cuenta las palabras de Jesús: «Con la medida con que midáis se os medirá» (Mt 7,2).
Rev. D. Jordi POU i Sabater (Sant Jordi Desvalls, Girona, España)
Gloria a Tí, Padre generoso y bueno...¡GRACIAS!
"Padre bueno, generoso,
cuántas veces me sorprendes
pues me das, sin yo pedirlo,
mucho más de lo que espero.
No te importan las flaquezas
de mi frágil condición
... para llenar, al instante,
de dicha mi corazón.
Cuando me asaltan temores,
generoso los apartas
y transforma mis angustias
en gozo reparador.
Son la gracia y la abundancia
que nos das en abundancia
dos atributos palpables
de tu manera de ser.
Calmas la sed del sediento,
al enfermo das salud,
consuelo al afligido
y al extraviado tu luz.
Gloria a ti, Padre del cielo,
por tu consecuente entrega
y por tu generosidad
para el que sufre en silencio
o aquél que intranquilo está,
pues das a su boca risa
y a su alma brindas paz..."
(Autor:Alberto Vásquez Díaz.)
cuántas veces me sorprendes
pues me das, sin yo pedirlo,
mucho más de lo que espero.
No te importan las flaquezas
de mi frágil condición
... para llenar, al instante,
de dicha mi corazón.
Cuando me asaltan temores,
generoso los apartas
y transforma mis angustias
en gozo reparador.
Son la gracia y la abundancia
que nos das en abundancia
dos atributos palpables
de tu manera de ser.
Calmas la sed del sediento,
al enfermo das salud,
consuelo al afligido
y al extraviado tu luz.
Gloria a ti, Padre del cielo,
por tu consecuente entrega
y por tu generosidad
para el que sufre en silencio
o aquél que intranquilo está,
pues das a su boca risa
y a su alma brindas paz..."
(Autor:Alberto Vásquez Díaz.)
Día litúrgico: Sábado XI del tiempo ordinario, 23 de Junio del 2012 "Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo."
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO
Día litúrgico: Sábado XI del tiempo ordinario, 23 de Junio del 2012
Texto del Evangelio (Mt 6,24-34):
"En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas? Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida?
»Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan. Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos. Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe? No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos? Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura. Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal»..."
MEDITACIÓN:
Hoy, Jesús nos dice: «No podéis servir a Dios y al dinero» (Mt 6,24). Con estas palabras nos enfrenta a nuestra inseguridad, que procuramos paliar con el apoyo en la tranquilidad de tener no sólo lo necesario, sino lo que nos apetece, lo cual nos lleva a consumir y malgastar.
«Que lo oiga el avaro; que lo oiga el que piensa que, llamándose cristiano, puede servir al mismo tiempo a las riquezas y a Cristo. Sin embargo, no dijo: el que tiene riquezas, sino el que sirve a las riquezas; el que es esclavo de las riquezas y las guarda como un esclavo; pero el que ha sacudido el yugo de la esclavitud, las distribuye como señor» (San Jerónimo).
Como en las bienaventuranzas —o en otro pasaje clave, como el del mandato nuevo (Jn 13,34-35)—, hoy el Señor nos invita a una decisión por la confianza ilimitada en un Padre que se nos da como providencia, por la búsqueda del Reino de justicia, paz y alegría, por una verdadera pobreza interior del alma, que se vuelve una y otra vez con “gemidos inenarrables” (cf. Rom 8,26) a Quien únicamente puede saciar nuestro anhelo de plenitud y eternidad. Desde este desasimiento, desde esta precariedad asumida conscientemente, ponemos toda nuestra esperanza en el seguimiento de Cristo.
Dejando el pasado en el perdón de Dios y ahuyentando temores y preocupaciones por un futuro que todavía no ha llegado, Jesús nos invita a vivir el día de “hoy”, que es lo único que ahora tenemos. Y en este “hoy” Él se nos da como pan que acompaña el día. «Sólo el presente nos pertenece, siendo incierta la esperanza del futuro (...). Bástale a cada día su propia malicia. ¿Por qué angustiarnos por el mañana?» (San Gregorio de Nisa).
Rev. D. Carles ELÍAS i Cao (Barcelona, España)
Día litúrgico: Sábado XI del tiempo ordinario, 23 de Junio del 2012
Texto del Evangelio (Mt 6,24-34):
"En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas? Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida?
»Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan. Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos. Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe? No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos? Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura. Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal»..."
MEDITACIÓN:
Hoy, Jesús nos dice: «No podéis servir a Dios y al dinero» (Mt 6,24). Con estas palabras nos enfrenta a nuestra inseguridad, que procuramos paliar con el apoyo en la tranquilidad de tener no sólo lo necesario, sino lo que nos apetece, lo cual nos lleva a consumir y malgastar.
«Que lo oiga el avaro; que lo oiga el que piensa que, llamándose cristiano, puede servir al mismo tiempo a las riquezas y a Cristo. Sin embargo, no dijo: el que tiene riquezas, sino el que sirve a las riquezas; el que es esclavo de las riquezas y las guarda como un esclavo; pero el que ha sacudido el yugo de la esclavitud, las distribuye como señor» (San Jerónimo).
Como en las bienaventuranzas —o en otro pasaje clave, como el del mandato nuevo (Jn 13,34-35)—, hoy el Señor nos invita a una decisión por la confianza ilimitada en un Padre que se nos da como providencia, por la búsqueda del Reino de justicia, paz y alegría, por una verdadera pobreza interior del alma, que se vuelve una y otra vez con “gemidos inenarrables” (cf. Rom 8,26) a Quien únicamente puede saciar nuestro anhelo de plenitud y eternidad. Desde este desasimiento, desde esta precariedad asumida conscientemente, ponemos toda nuestra esperanza en el seguimiento de Cristo.
Dejando el pasado en el perdón de Dios y ahuyentando temores y preocupaciones por un futuro que todavía no ha llegado, Jesús nos invita a vivir el día de “hoy”, que es lo único que ahora tenemos. Y en este “hoy” Él se nos da como pan que acompaña el día. «Sólo el presente nos pertenece, siendo incierta la esperanza del futuro (...). Bástale a cada día su propia malicia. ¿Por qué angustiarnos por el mañana?» (San Gregorio de Nisa).
Rev. D. Carles ELÍAS i Cao (Barcelona, España)
SANTA MADRE DEL CIELO, MARÍA...¡Jamás vencida por el desaliento...!
SANTA MARÍA, MÁMA DULCE Y BUENA...NUESTRA SANTA MADRE DEL AMÉN...:
Jamás vencida por el desaliento
Como en cada aspecto de mi vida, hasta en lo más insignificante, María se alza como faro que ilumina los caminos por los que debemos avanzar.... Ella se afrontó una vida semejante a la nuestra, tuvo que lidiar con los mismos problemas que a nosotros nos surgen. Sintió el cansancio, el dolor, la rutina al igual que cada persona, pero no me imagino a la Madre de Dios siendo víctima del desaliento.
Hay jornadas en las que vemos a algún hermano caer impotente bajo el peso de la rutina. Debemos ser entonces las manos de María, levantando a Jesús cuando aprendía a caminar, ayudándole a enfrentarse a cada tropiezo, siendo la protección materna para cualquiera que lo necesite. Sobre todo, aprendiendo a leer en clave evangélica cualquier acontecimiento por cansino que pueda parecer.
Hay jornadas en las que el peso del hastío nos fatiga más que en otras, en que somos más proclives a desmoralizarnos. Es importante que en esos días recordemos que no estamos solos. Muchos han atravesado el mismo difícil camino; María fue una de ellos. Pero no una cualquiera. Ella nos brinda su apoyo y fortaleza con su testimonio, con su recuerdo, con su presencia cercana.
Como un faro luminoso...
Y. cuando no haya nadie que nos ayude a continuar, cuando el cansancio nos haga una mella más profunda, debemos mirar al futuro con la esperanza y la fe de María, que conocía a su hijo y creía en él antes de que se revelara al mundo. Debemos recordar que la rutina pasará, como siempre pasa, abandonar el abatimiento como la Virgen y los apóstoles lo hicieron y salir al mundo.
Hay un tipo de rutina distinto al desaliento, una rutina que no llena el alma de cansancio ni llena los ojos de telarañas. Existe la rutina alegre del que se levanta cada día y sabe que será igual que los demás y. por ello, será maravilloso. Es la costumbre del que siente hace algo útil con su vida y atesora cada momento y cada persona no como uno más sino como algo único. Es la inercia del que se da a los demás como se dio Jesús al mundo, como se dio Mana a Dios Es la fuerza de vida que hace que el cansancio desaparezca. Porque el cansancio y la apatía son los verdaderos riesgos. La costumbre nacida de Dios como la de María, produce gozo es motivo de agradecimiento...
Jamás vencida por el desaliento
Como en cada aspecto de mi vida, hasta en lo más insignificante, María se alza como faro que ilumina los caminos por los que debemos avanzar.... Ella se afrontó una vida semejante a la nuestra, tuvo que lidiar con los mismos problemas que a nosotros nos surgen. Sintió el cansancio, el dolor, la rutina al igual que cada persona, pero no me imagino a la Madre de Dios siendo víctima del desaliento.
Hay jornadas en las que vemos a algún hermano caer impotente bajo el peso de la rutina. Debemos ser entonces las manos de María, levantando a Jesús cuando aprendía a caminar, ayudándole a enfrentarse a cada tropiezo, siendo la protección materna para cualquiera que lo necesite. Sobre todo, aprendiendo a leer en clave evangélica cualquier acontecimiento por cansino que pueda parecer.
Hay jornadas en las que el peso del hastío nos fatiga más que en otras, en que somos más proclives a desmoralizarnos. Es importante que en esos días recordemos que no estamos solos. Muchos han atravesado el mismo difícil camino; María fue una de ellos. Pero no una cualquiera. Ella nos brinda su apoyo y fortaleza con su testimonio, con su recuerdo, con su presencia cercana.
Como un faro luminoso...
Y. cuando no haya nadie que nos ayude a continuar, cuando el cansancio nos haga una mella más profunda, debemos mirar al futuro con la esperanza y la fe de María, que conocía a su hijo y creía en él antes de que se revelara al mundo. Debemos recordar que la rutina pasará, como siempre pasa, abandonar el abatimiento como la Virgen y los apóstoles lo hicieron y salir al mundo.
Hay un tipo de rutina distinto al desaliento, una rutina que no llena el alma de cansancio ni llena los ojos de telarañas. Existe la rutina alegre del que se levanta cada día y sabe que será igual que los demás y. por ello, será maravilloso. Es la costumbre del que siente hace algo útil con su vida y atesora cada momento y cada persona no como uno más sino como algo único. Es la inercia del que se da a los demás como se dio Jesús al mundo, como se dio Mana a Dios Es la fuerza de vida que hace que el cansancio desaparezca. Porque el cansancio y la apatía son los verdaderos riesgos. La costumbre nacida de Dios como la de María, produce gozo es motivo de agradecimiento...
martes, 19 de junio de 2012
«Sed santos, porque yo soy santo» (Lv 19,2)
«Sed santos, porque yo soy santo» (Lv 19,2)
Todos sabemos que existe un Dios que nos ama, que nos ha creado. Podemos acudir a él y pedirle: «Padre mío, ayúdame. Deseo ser santa, deseo ser buena, deseo amar. La santidad no es un lujo para unos pocos, ni está restringida sólo a algunas personas. Está hecha para ti, para mí y para todos. Es un sencillo deber, porque si aprendemos a amar, aprendemos a ser santos.
El primer paso para ser santo, es desearlo. Jesús quiere que seamos tan santos como su Padre. La santidad consiste en hacer la voluntad de Dios con alegría. Las palabras «deseo ser santo» significan: quiero despojarme de todo lo que no sea Dios; quiero despojarme y vaciar mi corazón de cosas materiales. Quiero renunciar a mi voluntad, a mis inclinaciones, a mis caprichos, a mi inconstancia y ser un esclavo generoso de la voluntad de Dios.
Con una total voluntad amaré a Dios, optaré por Él, correré hacia Él, llegaré a Él y lo poseeré. Pero todo depende de las palabras, «Quiero» o «No quiero». He puesto toda mi energía en la palabra «Quiero»
Día litúrgico: Martes XI del tiempo ordinario, 19 de Junio del 2012 ¡El amor perfecto de Jesús!
"Un amor que va más allá de mi pobre entendimiento... ¡Es tan único...!... ¡El amor perfecto de Jesús! ¡El INENTENDIBLE AMOR DE JESÚS!"
Rileguz
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO
Día litúrgico: Martes XI del tiempo ordinario, 19 de Junio del 2012
Texto del Evangelio (Mt 5,43-48):
"En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo’. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial»..."
MEDITACIÓN:
Hoy, Cristo nos invita a amar. Amar sin medida, que es la medida del Amor verdadero. Dios es Amor, «que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos» (Mt 5,45). Y el hombre, chispa de Dios, ha de luchar para asemejarse a Él cada día, «para que seáis hijos de vuestro Padre celestial» (Mt 5,45). ¿Dónde encontramos el rostro de Cristo? En los otros, en el prójimo más cercano. Es muy fácil compadecerse de los niños hambrientos de Etiopía cuando los vemos por la TV, o de los inmigrantes que llegan cada día a nuestras playas. Pero, ¿y los de casa? ¿y nuestros compañeros de trabajo? ¿y aquella parienta lejana que está sola y que podríamos ir a hacerle un rato de compañía? Los otros, ¿cómo los tratamos? ¿cómo los amamos? ¿qué actos de servicio concretos tenemos con ellos cada día?
Es muy fácil amar a quien nos ama. Pero el Señor nos invita a ir más allá, porque «si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener?» (Mt 5,46). ¡Amar a nuestros enemigos! Amar aquellas personas que sabemos —con certeza— que nunca nos devolverán ni el afecto, ni la sonrisa, ni aquel favor. Sencillamente porque nos ignoran. El cristiano, todo cristiano, no puede amar de manera “interesada”; no ha de dar un trozo de pan, una limosna al del semáforo. Se ha de dar él mismo. El Señor, muriéndose en la Cruz, perdona a quienes le crucifican. Ni un reproche, ni una queja, ni un mal gesto...
Amar sin esperar nada a cambio. A la hora de amar tenemos que enterrar las calculadoras. La perfección es amar sin medida. La perfección la tenemos en nuestras manos en medio del mundo, en medio de nuestras ocupaciones diarias. Haciendo lo que toca en cada momento, no lo que nos viene de gusto. La Madre de Dios, en las bodas de Caná de Galilea, se da cuenta de que los invitados no tienen vino. Y se avanza. Y le pide al Señor que haga el milagro. Pidámosle hoy el milagro de saberlo descubrir en las necesidades de los otros....
Rev. D. Iñaki BALLBÉ i Turu (Rubí, Barcelona, España)
"LA FE DOLOROSA DE MARÍA JUNTO A LA CRUZ"
LA FE DOLOROSA DE MARÍA JUNTO A LA CRUZ
María estaba junto a la cruz... Su Hijo agonizaba sobre aquel madero como un condenado. ¡Cuán grande, cuán heroica en esos momentos la obediencia de la fe demostrada por Maria ante los insondables designios de Dios! ¡Cómo se abandona en Dios sin reservas! (RM, 18).
La fe dolorosa de María llega a su culmen cuando ella se encuentra de pie junto a la cruz de Su Hijo. Allí «Se condolió vehementemente con Su Hijo», allí «Se asoció con corazón de madre a su sacrificio», allí «Consintió con amor en la inmolación de la víctima engendrada por ella misma» (LG, 58). Es admirable ver la entereza de María, expresada por las palabras del evangelista: «Estaba de pie junto a la cruz de Jesús» (Jn 19, 25). Allí María no era una mujer pasiva, que se dejaba llevar por la violencia y vehemencia de los más dispares sentimientos. Allí María era una mujer dueña de sí misma, consciente de su función. Nada la separó de Su Hijo: con-sufrió su misma pasión; se asoció como madre a Su sacrificio, y dió su sí a la radicalidad de amor de Su Hijo, que amó sin calcular las consecuencias, hasta el extremo. La pasión cruenta de Su Hijo tuvo una réplica exacta en la pasión incruenta de la madre. En ese trance amargo Maria vive desde la fe. Ella ve que, aparentemente, se desmienten aquellas palabras del ángel: «El será grande, el Señor Dios le dará el trono de David... Reinará sobre la casa de Jacob por los siglos de los siglos y su reino no tendrá fin». María asiste al fin de Jesús. Es verdad que sobre la cruz habían colocado un rótulo que decía «Jesús Nazareno, Rey de los Judíos» (Jn 19, 19; Mc 15, 26); no se trataba de un título honorífico, sino de una forma sarcástica de hacer público el motivo de su condena. ¡Este es el fin del reino de Jesús! Maria cree, sin embargo, que la palabra de Dios se cumplirá. Por eso no huye, como los discípulos. Por eso participa en la más profunda kénosis de la fe que se haya dado en la historia de la humanidad. María acepta la espada (RM, 18). Si, en el origen de la humanidad, la mujer se había amigado con la serpiente convirtiéndose en madre de la muerte, ahora, en la plenitud de los tiempos, la mujer entra en enemistad con la serpiente, actúa desde la obediencia de la fe, una fe heroica, se abandona a Dios sin reservas y así se convierte en madre del discípulo amado, nueva Eva, «madre de los vivientes».
ORACIÓN:
Padre de la vida, Tú no quieres la muerte de tus hijos, ni te recreas en la destrucción de tus criaturas; Tú eres compasivo y misericordioso; por eso, com-padeciste la muerte de Tu Hijo Jesús; en su muerte te quedaste sin palabra; un misterioso abandono entró en Tu misterio trinitario y María se convirtió en el rostro materno de Tu soledad, en el símbolo femenino de tu compasión...
Concédenos, a imitación de ella, vivir estrechamente unidos a Ti, aun en medio de las más serias dificultades; haz que, fijando nuestro corazón en Ti, no temamos el rostro horrible de la muerte. Por Jesucristo, Nuestro Señor.
AMÉN
Día litúrgico: Lunes XI del tiempo ordinario, 18 de Junio del 2012 "Ojo por ojo y diente por diente"’
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO
Día litúrgico: Lunes XI del tiempo ordinario, 18 de Junio del 2012
Texto del Evangelio (Mt 5,38-42):
"En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente’. Pues yo os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra: al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; y al que te obligue a andar una milla vete con él dos. A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda».
MEDITACIÓN:
Hoy, Jesús nos enseña que el odio se supera en el perdón. La ley del talión era un progreso, pues limitaba el derecho de venganza a una justa proporción: sólo puedes hacer al prójimo lo que él te ha hecho a ti, de lo contrario cometerías una injusticia; esto es lo que significa el aforismo de «ojo por ojo, diente por diente». Aun así, era un progreso limitado, ya que Jesucristo en el Evangelio afirma la necesidad de superar la venganza con el amor; así lo expresó Él mismo cuando, en la Cruz, intercedió por sus verdugos: «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34).
No obstante, el perdón debe acompañarse con la verdad. No perdonamos tan sólo porque nos vemos impotentes o acomplejados. A menudo se ha confundido la expresión “poner la otra mejilla” con la idea de la renuncia a nuestros derechos legítimos. No es eso. Poner la otra mejilla quiere decir denunciar e interpelar a quien lo ha hecho, con un gesto pacífico pero decidido, la injusticia que ha cometido; es como decirle: «Me has pegado en una mejilla, ¿qué, quieres pegarme también en la otra?, ¿te parece bien tu proceder?». Jesús respondió con serenidad al criado insolente del sumo sacerdote: «Si he hablado mal, demuéstrame en qué, pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?» (Jn 18,23).
Vemos, pues, cuál debe ser la conducta del cristiano: no buscar revancha, pero sí mantenerse firme; estar abierto al perdón y decir las cosas claramente. Ciertamente no es un arte fácil, pero es el único modo de frenar la violencia y manifestar la gracia divina a un mundo a menudo carente de gracia. San Basilio nos aconseja: «Haced caso y olvidaréis las injurias y agravios que os vengan del prójimo. Podréis ver los nombres diversos que tendréis uno y otro; a él lo llamarán colérico y violento, y a vosotros mansos y pacíficos. Él se arrepentirá un día de su violencia, y vosotros no os arrepentiréis nunca de vuestra mansedumbre».
Rev. D. Joaquim MESEGUER García (Sant Quirze del Vallès, Barcelona, España)
ORAR PARA LLEGAR A SER QUIEN DIOS HA SOÑADO QUE SEAS...
EL PODER DE LA ORACIÓN
ORAR PARA LLEGAR A SER QUIEN DIOS HA SOÑADO QUE SEAS...
Dios sueña. Nuestro buen Dios, cuyo rostro hemos conocido en la persona de Jesús de Nazareth, es Dios-que-sueña. Esto lo sabemos porque podemos contemplar, en Jesús, al soñador apasionado por el Reino de Dios, y Jesús mismo nos dice: "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre" (Jn 14, 8-9). Así que nuestro Padre Dios sueña con pasión.
Y tú eres parte del sueño de Dios. Dios te ha soñado y has sido llamado a la vida para llegar a ser quien Él sueña que seas.
♦ Por eso, orar es entrar en su presencia, para estar con Él y en Él.
♦ Oramos tomando conciencia de que habitamos en su amor soñador que nos hace vibrar y nos contagia para que soñemos también como sueña Jesús.
♦ Oramos, porque hemos puesto nuestra confianza en el anhelo de Jesús.
Oramos porque Jesús confía en nosotros y nos invita a ser parte de su anhelo de amor y justicia, de nueva humanidad en todas partes.
♦ Oramos porque Jesús nos llama y nos invita a estar con Él.
♦ Oramos para estar con Jesús y sintonizar con su corazón soñador.
♦ Oramos para indignarnos con lo que a Jesús indigna cuando exclama "Ay de vosotros..." contra quienes practican, en nombre de Dios, la hipocresía y el abuso (Mt 23, 14-36).
♦ Oramos para actuar con valentía y como actúa Jesús cuando se enfrenta en el templo a quienes buscan sólo su propio beneficio a costa de lucrarse con la fe de los demás (Jn 2, 13-22).
♦ Oramos para amar; con ese amor apasionado que siente Jesús hacia Dios. Ese amor que le hace soñar que sea Dios quien reine en la vida, aun por encima de sus gustos y deseos personales. Ese amor por el que puede exclamar primero "Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa, pero no sea como yo quiero, sino como quieras tú." (Mt 26,39) y después, en medio de la más honda angustia y dolor, poder seguir gritando ¡Elí, Elí! ¿lemá sabactaní?, esto es: «¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?» (Mt 27, 46). Sólo por pasión es que Jesús pudo morir gritando: «Padre, en tus manos pongo mi espíritu» (Lc 23,46). El amor apasionado de Jesús le hace anhelar que Dios reine, lo mismo cuando hay serenidad y certezas que cuando hay dolor y confusión. Que Dios reine y sus deseos se cumplan en la historia, en todos y cada uno de los momentos más significativos de la vida humana... Desde el nacimiento hasta lo más misterioso de la muerte.
♦ Oramos para amar, con el amor apasionado de Jesús, a las personas, a la creación toda. En los gestos de Jesús descubrimos los gestos del Dios apasionado por la vida, por la libertad, por la justicia, por la fraternidad y por el amor hasta el límite. Jesús ama y pasa la vida haciendo el bien. Devuelve la vida a Lázaro (Jn 11, 1-44), al hijo de la viuda de Naím (Lc 7, 12ss); se desvive sirviendo y curando (Mc 6, 31ss), incluye en su vida a los marginados y rechazados (Lc 7, 36-40; 10,29-37; 15, 2) y consuela y anima sin cesar diciendo "no tengáis miedo" (Mt 10, 26).
Por eso también en Jesús tenemos el modelo para seguir en la vida: El modo de ser y relacionarse consigo mismo en libertad, de relacionarse con Dios en la plena confianza, de relacionarse con los demás en el amor fraterno y en la amistad generosa y el modo de relacionarse con la creación en la responsabilidad y la solidaridad.
46 Jornada Mundial de Oración por las vocaciones - Jueves 25 de Marzo del 2010
(Fuente: CiudadRedonda.com)
CARTA DE UN HIJO A SUS PADRES...
CARTA DE UN HIJO A SUS PADRES...
Querido papá (mamá):
No me des todo lo que te pida,
a veces sólo pido para ver hasta cuánto puedo tomar y hasta donde puedo llegar...
No me grites, te respeto menos cuando lo haces,
y me enseñas a gritar a mí también, y yo no quiero hacerlo.
No des siempre órdenes...
Si en vez de órdenes a veces me pidieras las cosas con suavidad y dulzura yo lo haría más rápido y con más gusto...
Cumple las promesas, buenas o malas...
Si me prometes un premio dámelo,
pero también cumple si fuese un castigo...
No me compares con nadie,
especialmente con mis hermanos...
Si tu me haces lucir mejor que los demás alguien va a sufrir,
y si me haces lucir peor que los demás seré yo quien sufra...
No cambies de opinión tan a menudo sobre lo que debo hacer:
decídete y mantén esta decisión...
Déjame valerme por mí mismo,
sí tu haces todo por mí yo nunca podré aprender...
No digas mentiras delante de mí ni me pidas que las diga por ti,
aunque sea para sacarte de un apuro...
Me haces sentir mal y perder la fe en lo que me dices...
Cuando yo hago algo malo no me exijas que te diga por qué lo hice... ¡A veces ni yo mismo lo sé...! Ten la paciencia de explicarme la diferencia entre lo bueno y lo malo...
Cuando estés equivocado en algo admítelo
y crecerá la opinión que yo tengo de ti.
Sólo así me enseñarás a admitir mis equivocaciones también.
No me digas que haga una cosa si tu no la haces ni me das el ejemplo...
Yo aprenderé y haré siempre lo que tu hagas aunque no lo digas,
pero nunca haré lo que tu digas y no hagas... Recuerda que me gusta imitar tu comportamiento...
Enséñame a amar y conocer a Dios y a María nuestra Máma,
no importa si en el colegio me quieren o no quieren enseñar
porque de nada vale si yo veo que tu no conoces ni amas a Dios.
Cuando te cuente un problema mío no me digas:
"No tengo tiempo para boberías o eso no tiene importancia o ahorita no puedo..." ¿Escúchame porfavor pues en ocaciones me siento solo y también con miedo...
Trata de comprenderme y ayudarme...
Y quiéreme, díme que me amas... Hazlo cuantas veces puedas. Necesito y me gusta oírtelo decir aunque tu no creas que sea necesario decírmelo...
Gracias papá...Gracias mámá por atender a estas letras que les escribo...
Un(a) hijo(a) que les ama...
LA ORACIÓN DE UN PADRE
LA ORACIÓN DE UN PADRE
Dame: ¡Oh Dios!
Un hijo que sea lo bastante fuerte para saber cuándo es débil y lo bastante valeroso para enfrentarse consigo mismo cuando sienta miedo...
Un hijo que sea orgulloso e inflexible en la derrota honrada y humilde y magnánimo en la victoria...
Dame, Oh Señor,
Un hijo que nunca doble la espalda cuando debe erguir el pecho; Un hijo que sepa conocerte a ti y conocerse a sí mismo, que es la piedra fundamental de todo conocimiento...
Condúcelo, mi buen Jesús te lo ruego, no por el camino cómodo y fácil, sino por el camino áspero, aguijoneado por las dificultades y los retos...
Allí, déjalo aprender a sostenerse firme en la tempestad y a sentir compasión por los que fallan...
Dame, Te lo suplíco, Padre,
Un hijo cuyo corazón sea claro, cuyos ideales sean altos...
Un hijo que se domine a sí mismo antes de pretender dominar a los demás...
Un hijo que aprenda a reir pero que también sepa llorar,
Un hijo que avance hacia el futuro, pero que nunca olvide el pasado...
Y después, que le hayas dado todo esto te suplico, con todo mi corazón, entregarle suficiente sentido del buen humor, de modo que pueda ser siempre serio, pero que no se tome a sí mismo demasiado en serio...
Dale humildad para recordar siempre la sencillez de la verdadera sabiduría, la mansedumbre de la verdadera fuerza...
Entonces, yo su padre (Madre), me atreveré a murmurar:
¡No he vivido en vano!
¡Gracias, Señor Jesús y Padre Eterno, por escuchar mi plegaria!
Así sea, Señor, si esa fuere Tu Voluntad...
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